El hundimiento


 

| 29/11/2010 | Actualizada a las 01:32h | Política

Montilla hizo anoche el mejor discurso de su campaña electoral. Estuvo directo, intenso y emotivo. Anunció que ya no se presentará a la primera secretaría del Partit dels Socialistes de Catalunya, cuando se celebre su próximo congreso. Y con sus lágrimas inéditas contuvo parcialmente el desánimo que desde el mediodía se había instalado entre los dirigentes y los militantes socialistas.


Porque la realidad impactó ayer con fuerza devastadora en la sede de los socialistas catalanes. Las filtraciones de los sondeos a pie de urna fueron como un doloroso puñetazo que dejó a la mayoría de los líderes boqueando y sin aire. Por la noche, los resultados comenzaron un poco mejor, pero acabaron como una interminable serie de golpes que impactaron por todo el cuerpo de los dirigentes y los militantes, que acabaron noqueados y con poca capacidad de reacción.
No estaban preparados para una derrota tan cruel porque, durante toda la campaña, los estrategas del PSC habían intentado conjurar los malos pronósticos actuando como si realmente nada hubiese sucedido en los últimos tiempos: ni crisis, ni desprestigio, ni tensiones, ni desafecciones, ni líos entre socios, ni tan siquiera broncas internas. De hecho, llevan años dando bandazos caprichosos: primero se echaron en manos del tripartito, sin explicar el alcance de esta apuesta a quienes representan el alma más española del partido. Después abandonaron también en silencio a los integrantes de su alma catalanista, que habían acudido a manifestarse el 10-J, atendiendo a la llamada de Montilla. Habían negado también a Pasqual Maragall, negaron a sus socios de gobierno, y acabaron negándose a sí mismos: demasiados cambios bruscos y muy pocas explicaciones para un partido que basa su existencia en un pacto entre almas que se complementan. Y un pacto exige derechos y deberes, que deben proclamarse en voz alta, para que nadie pueda traicionarlos.
La responsabilidad es compartida, pero en los próximos días José Montilla deberá demostrar su talla política, reintegrando al partido el equilibrio imprescindible para la supervivencia del PSC y para recuperar su papel al servicio de la cohesión de la sociedad catalana. Incluso a costa de sacrificios personales. No sé si es consciente de tanta responsabilidad. De momento anoche anunció que no volverá a ser primer secretario. Pero ya avanzó también que no piensa dejar de vigilar los próximos pasos que deberá dar de forma inmediata el partido. Veremos si es suficiente con esta media dimisión. El sentido común diría que en el PSC deberá haber cambios más profundos, incluso antes de las municipales.

El hundimiento

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