Cuando las gafas tienen peligro y el divorcio ajeno es negocio – Anna Grau – corresponsales de abc


 

The New York Times informaba este lunes con orgullo de la detención por agentes federales de Vitaly Borker, 34 años, de ascendencia rusa pero afincado en Brooklyn, casado y padre de un niño de dos años, dueño de DecorMyEyes, un negocio de venta de gafas, lentillas y otros utensilios ópticos por Internet. El orgullo se debe a que Vitaly Borker fue portada del suplemento de negocios del Times sólo una semana antes de su arresto.

Allí habían elaborado hasta un comic para narrar la peripecia de Clarabelle Rodriguez, una clienta de DecorMyEyes que le encargó unas lentillas y una montura para unas gafas. Con el encargo ya hecho Rodriguez recibió una llamada de Volker informándole de que la marca de lentillas que ella quería no estaba disponible y que eligiera otra. Cuando la joven dijo que en ese caso prefería que le devolvieran el dinero, él se negó con rudeza. Cuando llegó la montura de las gafas y resultó ser una imitación del modelo original aquello ya fue la guerra. La clienta reclama. El vendedor se hace el sueco. Ella le advierte de que dará orden de anular el cargo a su tarjeta de crédito. Él la insulta y la amenaza con ir a donde ella vive y hacerle cosas tan obscenas que el Times se niega a detallarlas. La escalada culmina con mensajes de Volker a Rodriguez que incluyen fotos del apartamento donde ella vive. Etc.

Volker concedió con desparpajo una entrevista al Times en su propia casa, en la que admitía haber tratado así no sólo a Clarabelle Rodriguez sino a docenas de clientes más. Se jactaba de que eso era bueno para el negocio, pues cuanto más se hablaba de su negocio por Internet, así fuese mal, más subía este en los buscadores de Google. Al no tener el buscador manera de discernir entre las alabanzas y las protestas, invariablemente el efecto era “ladran, luego cabalgamos“.

Era fascinante leer esta entrevista y asomarse a la ilusión de impunidad que parecía embargar a Volker. De momento los agentes federales han puesto un drástico fin a esas ilusiones. El hombre se enfrenta a una posible petición de hasta veinte años de cárcel. Y Google ha anunciado que hará ajustes en su buscador.

Otro caso curioso que se ha conocido estos días en Estados Unidos es el de Balance Point, una compañía de Beverly Hills, fundada por Stacey Napp, una mujer que decidió inspirarse en su propio y amargo divorcio para poner una empresa. Balance Point presta asistencia financiera a personas que llevan las de perder en un proceso de divorcio, pero no porque no tengan derecho a pedir lo que piden, sino porque les falta liquidez para aguantar meses o años de tira y afloja. El cliente típico es la esposa que no trabaja del dueño de un negocio valorado entre 2 y 15 millones de dólares, una buena tajada de la que sacar partido. Balance Point se ocupa de todo, de pagar a los abogados y todas las facturas hasta que el marido cede por fin a las pretensiones de la mujer, y entonces se llevan un porcentaje.

Cuando las gafas tienen peligro y el divorcio ajeno es negocio – Anna Grau – corresponsales de abc