NIÑAS VESTIDAS PARA MATAR


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Polémica en Francia por un reportaje con niñas de siete años vestidas y maquilladas sensualmente

Revistas de prestigio como ‘Vogue París’ utilizan cada vez más a menores de edad en sus fotografías

Vida | 17/01/2011

                                                                                                                                                                      Hasta ahora las revistas pensadas para adolescentes seguían perpetuando un único modelo fotográfico posible: joven, guapa y con éxito.

Se trataba de un género que, para perplejidad de muchos, sobrevivía bajo disfraces distintos: revistas destinadas a adolescentes – casi niñas- que creen ver en ellas un manual para manejarse en sociedad.

Clamaban premisas como “jamás consideres nada que no sea el éxito. No existe el fracaso”. Algo que, de paso, reforzaba una identidad de género que choca frontalmente con cualquier discurso contemporáneo sobre igualdad.
Pero ¿qué ocurre si son las revistas de prestigio, las históricas, pensadas para público adulto, las que empiezan a reservar espacios específicos para fotografía de niñas modelos (cada vez de menor edad), portadas con niñas maquilladas, vestidas de Gucci y luciendo joyas de Cartier?

No se trata de publicidad para productos infantiles -lo que sería perfectamente aceptable-sino de una dudosa maniobra de camuflaje. Niñas vestidas para matar… a los siete años. Eso es lo que ha ocurrido con el número 913 de la revista Vogue (diciembre 2010/ enero 2011). La polémica surge de la idoneidad de ofrecer un editorial en Vogue Paris Cadeaux con niñas ataviadas y maquilladas como adultas en poses sensuales.
No se trata de lolitas adolescentes, las niñas modelo, según ‘New York Times Magazine’, no sobrepasan los siete años y ya se les exige que hagan el papel de seductoras.

Thylane, Lea y Prune visten prendas de Versace, Lanvin, Yves Saint Laurent cortadas a su medida y lucen collares de Bulgari, Boucheron y Van Cleef& Arpels. Algunas llevan zapatos de tacón de aguja de las firmas Balmain y Christian Louboutin. La edición se agotó.
Las opiniones están divididas. Lo mismo que para algunos no pasa de ser un juego, un impresionante ejercicio fotográfico, para otros, como el reconocido ilustrador Alexandro Palombo, es “un regalo ideal para los paidófilos”.

El ataque se ha interpretado como un gesto de valentía contra una revista reconocida mundialmente como la biblia de la moda y ha afectado a directivos, inversores que han retirado la publicidad y lectores. También es cierto que en la edición española este reportaje no se ha editado.

Consultada la directora de Vogue España,Yolanda Sacristán, por los criterios editoriales y su opinión sobre este tipo de reportajes, consideró que “las razones por las que Vogue Paris decidió publicar este reportaje sólo las saben ellos. Es un momento delicado porque su directora dejó la compañía hace pocos días. Lo que sí es cierto es que yo no publicaría en Vogue España un material de este tipo”.
¿La malicia está en los ojos de quien lo mira?
Explicaba el prestigioso fotógrafo Jaume de Laiguana – por otro lado, uno de los preferidos de las modelos- que “el exceso de la estética es nocivo, te hace recapacitar.

Te das cuenta de que la fotografía debe estar al servicio de la sociedad en la que estás inmerso. Es una obligación moral, casi”. Pero esa reflexión sobre la fotografía como arma social y sus límites – ¿hasta dónde arte?, ¿hasta donde política?-está desgajando algunos códigos éticos. La periodista Hilary Alexander, de The Daily Telegraph,también quiso enfatizar esa mezcla de inocencia y provocación que rodea la atmósfera del reportaje – realizado por el fotógrafo de moda Sharif Hamza-declarando “trampa” la imagen de niñas recostadas en sábanas de satén.

En opinión de Arantza Francés, directora de KTS Models, una de las agencias más prestigiosas de modelos infantiles, “habría que encontrar el justo equilibrio entre el interés de los creativos publicitarios en llamar la atención del consumidor y el de los niños modelo. Como directora de una agencia de modelos y madre de cinco hijos, creo que el respeto, el sentido común y el cariño hacia los niños modelo deben prevalecer”.
Aunque las fotos de este estilo pueden parecerle “graciosas” en términos generales cuando muestran niñas que juegan con la vestimenta y el maquillaje de mamá, considera Arantza Francés que “algunas son salidas de tono. Por ejemplo, aquellas en la que aparece la niña entre piel de leopardo, escotada… son innecesarias. De todos modos, a menudo el mercado pederasta lo que busca son imágenes de niños, no de niñas”.
“Nuestro deber cuando contratan a uno de nuestros niños es indagar cómo se usarán después del trabajo esas imágenes. En ocasiones, lo que hacemos es acudir en persona a las sesiones fotográficas o rodajes”, explica Francés. Una labor de seguimiento y fiscalización que no se cumple en todas las agencias. Deben y pueden exigir “la responsabilidad y la honestidad de nuestros clientes”. Reconoce que ella no hubiera dejado posar para ese reportaje de Vogue a ninguna de sus hijas.

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