“Si las autonomías no cumplen, intervendremos”,


LA CRÓNICA

Zapatero lanza la nueva Loapa: intervención, armonización, control

Rajoy extiende la apuesta centralizadora del PP a la sanidad y la educación | El presidente envía al mundo anglosajón un mensaje contra las ‘regiones endeudadas’ | El Gobierno se sincroniza con los voceros de la recentralización

Artículos | 18/01/2011

Enric Juliana

Enric Juliana

La nueva Loapa está en marcha y llevará el sello del presidente que defendía la España plural y que un día dijo en el Senado que el concepto de nación española era algo más bien relativo. La ley orgánica de Armonización del Proceso Autonómico, aprobada por las Cortes el 30 de junio de 1982 y tumbada posteriormente por el Tribunal Constitucional, fue consecuencia directa del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Había que calmar a los militares.

El nuevo proyecto de restricción del ejercicio de la autonomía nace bajo el volcán de una crisis económica que no parece tener fin. El presidente que llegó al poder loando la España plural dice querer calmar a los mercados y al Directorio Europeo ante la enorme cuantía de la deuda española (pública y privada). Hoy como ayer se trata de designar un chivo expiatorio de los malestares de un país que no logra vertebrarse. Hoy como ayer, la cabeza de turco elegida es la España periférica, preferentemente la de habla catalana.

“Si las autonomías no cumplen, intervendremos”, afirmaba ayer el presidente en el diario Financial Times, referente de la prensa económica europea. Hace apenas unos meses, la vicepresidenta económica Elena Salgado pasaba de puntillas sobre la deuda autonómica y afirmaba reiteradamente que la situación se hallaba bajo control. Las autonomías debían en el tercer trimestre del 2010 un total de 107.000 millones de euros (10,7% del PIB), cifra al menos triplicada por la deuda de la Administración central del Estado. En su conjunto y sumando los ayuntamientos, las administraciones públicas españolas acumulan una deuda de 611,000 millones de euros. España está en graves apuros y las autonomías son una parte del problema. Una parte. Uno de cada seis euros que debe el Estado corresponde a su esfera de gestión.

España apurada. ¿España plural? Uno de los escasos principios de la política posmoderna es la restricción de la memoria. Cada día tiene su afán. Cada día tiene su frame. Cada día tiene su exigencia. En el mundo líquido, ayer no existe.

José Luis Rodríguez Zapatero es el prototipo mejor acabado de la política posmoderna en España: memoria selectiva, sangre fría, detección térmica de los peligros (quizá por ello no captó a tiempo la extrema gravedad de la actual crisis, gélida, metafísica y libertaria) y, con todo ello, gran agilidad para el giro brusco, para el cambio de dirección. Si te he visto, no me acuerdo.

El pasado mes de mayo, el presidente Zapatero se vio obligado a negarse a sí mismo para satisfacer las exigencias espartanas del Directorio Europeo en un momento de extremo riesgo para la supervivencia de la moneda única. Hundido en las encuestas, ha decidido cambiar de piel para intentar evitar la intervención de España y poner a salvo su biografía política. Tiene 50 años. Recortará las pensiones, ampliará las condiciones de despido y se enfrentará a las autonomías. La entrevista con el periódico británico fue divulgada ayer mismo por el diario económico Expansión, perteneciente al mismo grupo que el diario ‘El Mundo’, adalid de la recentralización de España y capitán, junto con el decano ‘ABC’, de la intensa campaña del lobbismo madrileño para caracterizar la España de las autonomías como el nuevo Celtiberia Show. El mismo Zapatero ya recurrió a ese mismo canal para adelantar en Navidades –entonces con letra pequeña–, que pensaba entrar en ruta de colisión con su antaño preciada criatura, la España plural. “Propondré medidas de impacto para las autonomías”, dijo.

Las medidas comunicadas al ‘Financial Times’ son las siguientes: severa limitación del gasto autonómico (el Gobierno Zapatero canceló en el 2004 la ley aznariana de límite presupuestario); prohibición de la emisión de deuda pública (aviso directo a las dos Generalitats, la catalana y la valenciana, que en fecha reciente han emitido empréstitos populares para captar fondos), unificación de horarios comerciales y armonización de las normativas para las empresas. Intervención, límite, control, prohibición, armonización. Aromas de 1981. El mensaje es claro: el doloroso ajuste social será equilibrado publicitariamente por el ajuste territorial. Autonomías, culpables. El perfecto chivo expiatorio.

A falta de mayores concreciones, el nuevo cuadro comienza a delimitarse y en su interior los dos grandes partidos españoles se aprestan a competir. Mariano Rajoy adelantó ayer que el Partido Popular propondrá normas para unificar las políticas de sanidad y educación; propondrá una ley de unidad de mercado y otra de unificación de normativas empresariales. ¿Recentralización? Socialistas y populares dicen que nada de eso. Siempre queda más fino decir armonización.

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