Hay que ordeñar la vaca


 

Se llamaría Teatre de l’Aigua y sería una especie de centro termal con aires dalinianos         16/04/2011 – 00:00h

Quim Monzó

QUIM MONZÓ

El lunes, los responsables de la Fundación Dalí presentaron la pintura que hace dos meses compraron por 4.900.000 euros, la cifra más alta que han pagado nunca por un cuadro. La obra –de Dalí, claro– es de 1927, se titula La miel es más dulce que la sangre, y será uno de los nuevos alicientes del museo de Figueres. Como decía hace unos días un editorial de El Punt: “Que Dalí es y puede ser todavía más motor turístico de Figueres es indiscutible, y la ciudad, que a menudo ha parecido no querer aceptarlo, tiene que comprometerse más que nunca. En esta línea, todas las iniciativas, si se demuestra que son serias, tienen que ser estudiadas y promovidas”.

Entre esas iniciativas hay, estos días, una de peculiar: una especie de centro termal que –¿cómo no?– estaría vinculado con Dalí; si finalmente se construye, claro está. Se llamaría Teatre de l’Aigua. Sería un invento en plan rollo termal, eso tan de moda hoy en día, pero con sutilezas dalinianas. La noticia la da CiU y es una especie de cebo: si el actual alcalde, Santi Vila, sale reelegido, el centro termal se construirá, afirman. Si no, vete a saber. Vila dice que la iniciativa no comporta ningún gasto público. El Teatre de l’Aigua se haría únicamente con capital privado: 20 millones de euros. Lo construirían al lado del Centro de Formación Integrado, en el Polígono Ferial, e incluiría un hotel de cuatro estrellas y un aparcamiento de quinientas plazas. (Y algunos restaurantes también dalinianos, calculo.) Se trata de que, sea como sea, el millón de forasteros que cada año visitan Figueres para ver el museo Dalí no se vayan enseguida y la ciudad los pueda exprimir un poco más.

Quizás alguien se pregunte qué relación puede haber entre Dalí y los centros termales, y si la utilización que se hace del nombre y la figura del artista no lo devalúa cada día un poco más. Recuerdo la indignación que, hace unos años, provocó la salida al mercado de un nuevo modelo de Citroën, el Xsara Picasso. Algunos remilgados acusaron de peseteros a los descendientes del pintor y Leo Bassi –a quien también le parecía indigno que la Citroën utilizara el nombre del artista– anunció en Crónicas marcianas que cogería un Xsara Picasso y lo destrozaría a mazazos “para que así sea un poco más cubista”. Sin embargo, en el caso de Dalí y el centro termal daliniano no pasará nada de todo eso. Nadie dirá ni mu. No sólo porque no hay descendientes directos a quienes insultar por venderse el prestigio del apellido por un plato de lentejas, sino porque, cuando André Breton, ahíto de la avidez de Dalí por la pasta, le alteró el orden de las letras del nombre y el apellido y pasó a llamarlo con el anagrama deAvida Dollars, al pintor le pareció la mar de bien. A mi, como si te operan, debió pensar mientras abría un erizo de mar acabado de pescar y se comía las cinco gónadas del interior.

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