¿Rubalcaba, catalanista?


 

El candidato del PSOE podría ser la única esperanza de CiU y del Govern para lograr avances sustanciales

30/05/2011

Francesc - Marc Álvaro

FRANCESC – MARC ÁLVARO

Si no hay ninguna sorpresa, los ciudadanos de las Españas tendrán que elegir entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba para conducir el gobierno. Bien, eso no es del todo exacto, porque las elecciones españolas son puramente legislativas y no presidenciales, pero el efecto acaba siendo el de un duelo entre dos. A la derecha, un dirigente que se ha limitado a esperar el hundimiento del adversario y que tiene una actitud que una parte de su parroquia considera poco dura. A la izquierda, un dirigente que es una navaja suiza, útil para muchas cosas, y muy odiado por los populares, sobre todo a partir de los atentados de marzo del 2004. Ambos son pragmá#7;ticos y han sido perfectos números dos, durante muchos años.

Ni Rajoy ni Rubalcaba son líderes que tengan un carisma especial, pero ahora les toca representar este papel. En el caso del que fue vicepresidente de Aznar, esta misión de liderazgo siempre va acompañada de un cierto relajamiento, que le otorga deportividad y distancia, pero le resta consistencia. Con respecto al actual vicepresidente de Zapatero, la tarea de aspirar a jefe de gobierno aparece como el inevitable resultado de una carrera de diestro titiritero, admirado, temido y criticado por su capacidad de maniobra, incisión y camuflaje. Estamos ante dos grandes lugartenientes de la política, gente de poca poesía.

Las oscilaciones programáticas y tácticas de Rajoy ponen evidencia que, en principio, él no quería hacer aznarismo pero que tampoco ha sido capaz de definir un modelo de derecha española muy diferente de lo que le pusieron en las manos. El gallego se trabaja un estilo propio que, a la hora de la verdad, no transforma las ideas de fondo que estableció Aznar. Habrá que ver qué hace y dice Rubalcaba para movilizar un voto que se ha ido alejando de un PSOE atravesado por, como mínimo, tres debilidades: la de toda la socialdemocracia europea; la de Zapatero, que cambió de discurso sobre la crisis de la noche a la mañana, y la que se deriva de un desafío territorial e identitario que descoloca a las cúpulas socialistas autonómicas.

Una de las cualidades principales que comparten Rajoy y Rubalcaba es que saben negociar muy bien. Si no se dispone de mayoría absoluta en el Congreso, #7;llegar a acuerdos deviene necesidad vital. Este es el escenario ideal para CiU y para el PNV, fuerzas que han bailado y pueden seguir bailando con unos y otros. Pero los populares, según las encuestas hechas antes de que Rubalcaba fuera ungido por Zapatero, tienen al alcance la mayoría absoluta, extremo que Mas y Duran Lleida han repetido que sería nefasto.

Llegados a este punto, el asunto tiene mucha gracia y mala sombra: justamente cuando el PSC vive el peor momento de su historia, el candidato del PSOE a presidir el Gobierno podría ser la única esperanza de CiU y del Govern para lograr avances sustanciales antes de abjurar definitivamente de la vía autonomista, léase alguna cosa parecida al concierto económico de vascos y navarros.

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