El honor del pepino


 

Al pepino (español) lo acusó una ministra hamburguesa

03/06/2011

MONTSERRAT DOMÍNGUEZ    Montserrat Domínguez

 

Gazpacho andaluz, ensalada danesa de pepino con azúcar y vinagre, sándwiches de pepino británicos para acompañar el té, el cacik turco, la ensalada alemana con pepino y leche, la escandinava con nata y eneldo, el tzatziki griego, un tabouli libanés… Aunque surquemos los mares, desde Asia hasta América, es difícil encontrar un país que no tenga en su gastronomía un plato básico elaborado gracias al humilde pepino.

Al pepino (español) lo acusó una ministra hamburguesa de ser el causante de la variante letal de la bacteria E. coli que tiene ingresados a más de un millar de europeos, y que ha provocado una veintena de muertos. Como hemos aprendido de la realidad y de los thrillers, los políticos actúan en estos casos como los policías y fiscales en apuros: a falta de culpables, buscan un chivo expiatorio que ofrecer a la opinión pública para ganar tiempo. Y el honor del pepino almeriense y malagueño, y por extensión de toda la producción de hortalizas española, ha quedado seriamente dañado. Por eso, aunque la UE levanta las restricciones, Rusia o Ucrania mantienen la prohibición de importar verduras frescas europeas, que amenaza con extenderse a más países importadores, como los del golfo Pérsico.

No les falta razón en un aspecto: hasta que Alemania logre averiguar dónde se produjo el extraño salto de la bacteria a las verduras, seguiremos viviendo la zozobra de una crisis alimentaria. Y aunque los productores españoles protesten y el Gobierno exija compensaciones a Europa, el problema sigue estando ahí, y seguirá afectándonos en tanto en cuanto el CSI y los Grissom germánicos no den con el origen de la infección.

Aliñado con aceite de oliva, Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal y una embarazada Soraya Sáenz de Santamaría comieron pepino ante las teles. Luego Rajoy arremetió contra el Gobierno, al que acusó de haber actuado tarde y mal. Más tarde supimos que ninguno de los consejeros de Sanidad del PP (en funciones, pero menos que sus colegas del PSOE) acuden a la cita del Consejo Interterritorial de Salud convocado por la ministra Leire Pajín, entre otras cosas para tratar de las alarmas pepiniles. ¿Cómo se come este plato? La acción mediática, la crítica feroz al adversario y la ausencia a la hora de tomar decisiones ligan mal, pero es una receta reveladora de la táctica que Rajoy piensa aplicar desde el recién ganado poder territorial del PP.

Sólo así puede interpretarse el anuncio que hizo el líder popular de una auditoría en las administraciones públicas que pasarán a manos del PP en las próximas semanas. Alimentar las dudas sobre un déficit oculto, amparados en el striptease que hizo el Gobierno catalán, ensombrece la gestión de los socialistas, y eso lo beneficia políticamente. Pero también incrementa el riesgo de la actitud de los mercados internacionales sobre nuestra economía: a ellos sí que les importan un pepino las cuitas preelectorales hispanas.

Y Rajoy habló
Durante una hora larga, Rajoy contestó a la prensa por primera vez este año. También Chacón al renunciar a las primarias. Las quejas de las asociaciones de periodistas por las comparecencias sin preguntas tienen resultados. Esperemos que los debates preelectorales sigan ese principio: la máxima transparencia mediática. A los políticos siempre les queda la carta de no responder preguntas incómodas: en eso son auténticos maestros.

Sexismo francés
El caso Strauss-Kahn provoca una reacción en cadena: la política y prensa gala –acusadas por la anglosajona de tolerar no sólo vaivenes sentimentales, sino delitos sexuales– está explotando con graves acusaciones sobre la actuación de ex ministros y altos cargos. No sólo las víctimas denuncian: se resquebraja la sensación de impunidad que permite a algunos poderosos actuar sin freno.

Pepinos europeos
Estrasburgo altera el orden del día para incluir los pepinos la próxima semana: llega un debate clave, el de las perspectivas financieras a partir del 2014, una batalla en toda regla, porque los gobiernos se niegan a aumentar los presupuestos más de un 1%. El gasto administrativo ha de reducirse: a ver si la controversia sobre los coches oficiales en nuestros ayuntamientos cala en los usos y costumbres de los funcionarios de la UE.

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