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HONOR DE CARADURA


Domingo, 4 de diciembre 2011

 

 

Molt Honorable Montilla

Sólo brilla en el pisito que le tienen montado en el ‘Polònia’, el único lugar donde parece decir algo

 

Pilar Rahola

PILAR RAHOLA

Otros colegas ya le han afeado el gesto, así que sólo completaré la faena. Monzó le espetó que el Senado era “un centro de día de políticos caducados, como es el caso de Montilla”, y Puigverd lo llamó “el rentista”. Y podríamos sumar, porque lo cierto es que ni los propios socialistas han avalado la decisión de Montilla de ser senador y mantener abierta su oficina de ex president. Por supuesto lo han votado, pero la boquita de piñón de algunos ha echado culebras. ¿Será eso el PSC renovado? ¿O se trata de volver a cambiar algunas caras, para hacer un lifting a la arrugada y ajada cara del partido? En cualquier caso, y a la espera del congreso teóricamente renovador, el hecho es que la decisión de Montilla recuerda las peores formas de la política: multiplicidad de cargos, afán de protagonismo cuando ya no corresponde, desprecio de la institución que ha representado y aceptación de un carguito de jubilado para echarse la siesta en sede parlamentaria. O echársela en casa, que si Montilla no tuvo a bien ni tan sólo presentarse en el Parlament cuando lo votaban senador, ¿para qué irá al Senado, una Cámara caduca que no sirve para nada y a la que nadie hace caso? La pregunta que le hizo alguien tiene miga: ¿qué tarjeta enseñará, la de ex president o la de senador, Isabel o Fernando, o ambas dos, ingenuamente convencido que tener dos cargos es ser alguien en la vida? Más bien conseguirá no ser nada, ni lo uno ni lo otro, y sólo brillará en el pisito que le tienen montado los del Polònia, el único lugar donde parece que dice y pinta algo.

Es un poco esperpéntico y un poco triste. Primero porque devalúa la institución que ha representado y cuya solemnidad no parece entender.

Montilla debe pensar que ser Molt Honorable es una medalla más de su medallero, como ser primer secretario, o alcalde, o ministro, o miembro del club de bolos del barrio. No comprende que ha detentado el máximo cargo que puede tener un catalán. Es decir, le falta el respeto a la institución que ha representado. Y segundo, porque además la desprecia con la Cámara política más devaluada y cuya existencia no es comprensible para ningún terrenal con sentido común. ¿Cuándo cerrarán el Senado, y así nos ahorraremos una porrada de millones de euros? No sé, ya encontraremos trabajo a los jubilados políticos que hay por ahí, que incluso recolocándolos saldría infinitamente más barato. Y finalmente es triste ver como un Molt Honorable deja su honorabilidad por puro afán de protagonismo, incapaz de entender que su tiempo político ya ha acabado. Y no se trata de edad, que no se confunda, se trata de algo más inapelable y definitivo: Montilla ya no tiene nada que decir. Líder de un tiempo caducado, su momento pasó e intentar alargarlo con respiración asistida es tan patético como inútil. Al final sólo conseguirá acumular tarjetas de visita. Eso sí, pagadas por nosotros.