Dakota Johnson


 

Dakota Johnson: “No todo lo que se ve en pantalla es mío”

La actriz confiesa que tuvo un doble de cuerpo en algunas escenas de ’50 sombras de Grey’

 

Dakota Johnson, en el Museo de arte Metropolitano de Nueva York. / CORDON PRESS

El linaje de Dakota Johnson no puede ser más largo. Tippi Hedren,Melanie Griffith, Don Johnson y hasta Antonio Banderas son o han sido familia de esta joven. “Siempre tuve claro que sería actriz. Primero, porque lo llevo en la sangre y, segundo porque no sé hacer nada más”, se sincera en inglés aunque admite que sabe algo de español, pero no se siente cómoda hablándolo.

Pese a su árbol genealógico, como a cualquier otra joven de 25 años, lo que le interesa es labrar su propio camino. “Todos queremos romper el molde familiar, el sanbenito de ser la hija de, la nieta de”, añade. Y para librarse de ello, nada mejor que protagonizar junto a Jamie Dornan una película como 50 sombras de Grey, la versión cinematográfico del gran best seller erótico escrito por E. L. James, que se estrena en España el próximo 13 de febrero. Lo último que cualquiera pensaría al verla dar vida a la sumisa Anastasia es qué opina su familia. “También tuve mis dudas por la enormidad del proyecto, su popularidad, pero me ganó esta historia de amor tan intrigante”, confiesa.

Es una fantasía decadente que habla del despertar sexual y defiende el derecho de la mujer a no sentirse avergonzada de su sexualidad”

Johnson se parece a ratos a su padre y otros a su madre. Ella misma lo dice. También confía en tener el humor de Melanie y la fortaleza de su abuela, dos mujeres que, como ella misma define, han tenido una carrera “sorprendente” como actrices. De ambas, lo mismo que de Johnson, aprendió a sentirse cómoda en la industria, y de Banderas, si aprendió algo, no lo dice porque su representante le ha recomendado no mencionar al que fue su padrastro.

Su talante sigue siendo tímido, aunque asegura que de Anastasia ha aprendido a hablar en público, a sentirse más cómoda delante de la gente, y se ríe recordando su puesta de largo en Hollywood, cuando hizo de Miss Globos de Oro durante la ceremonia de entrega de estos galardones ya hace unos años. En todas las fotos aparece cargada de espaldas como si quisiera desaparecer de la luz pública. Y ahora lo hace desnuda delante de las cámaras. “¡No todo lo que ves en la pantalla es mío!” proclama la actriz.

Pregunta: Para protagonizar 50 sombras de Grey tiene que sentirse muy cómoda con su cuerpo.

R. Siempre lo estuve. Mis padres son de mente abierta y nada conservadores. Pero aún así yo también pensé que iba a estar asustada durante todo el rodaje y no fue así.

P. ¿Qué le hizo sentirse más cómoda?

R. Pensar el miedo que me iban a dar las escenas de sexo o desnuda pero darme cuenta de que no son nada comparadas con el momento de antes, en el que te lo estás pensando.

P. ¿Por qué le intrigó tanto la historia?

R. Porque la pérdida de la virginidad es el momento más señalado, o de los más señalados, de una mujer. Y, por supuesto, la curiosidad. Si Anastasia y yo nos parecemos en algo es que las dos somos discretas y curiosas.

Dakota Johnson también es juguetona. Dice que está nerviosa ante la que se le viene encima con el estreno de una cinta que, dirigida por Sam Taylor-Johnson, se espera que supere los 50 millones de euros de recaudación durante su primer fin de semana en EE UU. Solo de la novela en la que se inspira se han vendido más de 100 millones de copias en todo el mundo. Melanie lo leyó primero. Don nunca lo hizo. Y Dakota asegura algo ruborizada que ni habló con sus padres antes de aceptar el papel y da por seguro que no verán la película. “¡Ni yo quiero que la vean!”, exclama azorada. No tiene nada que ver con la calidad de la cinta. Se imagina que habrá gente a la que no le guste. Y otros que pondrán el grito en el cielo. A ella le gusta la controversia y asegura peleona pero con honestidad que la gente se sorprenderá gratamente con la película. “Es una fantasía decadente que habla del despertar sexual y defiende el derecho de la mujer a no sentirse avergonzada de su sexualidad”, añade.

Fotograma de ’50 sombras de Grey’. / CORDON PRESS

El primer trabajo en pantalla se lo dio Antonio Banderas cuando la dirigió con su madre en Locos en Alabama. Tenía 10 años. Pero tuvieron que pasar otros siete hasta estar segura de que quería ser actriz. Se dio cuenta viendo El enfermo imaginario. Hasta entonces vivió contenta en el rancho de la familia en Colorado (EEUU), con su burro Elvis, su serpiente St. Ignatius y un puñado de perros, caballos, cerdos y algún borrego que otro. Podía haber sido peor y haberle dado por los leones como a su abuela en el santuario animal de Shambala. Pero cuando vio la obra de Molière le poseyó el deseo de dejar de disfrazarse y pretender ser otra persona en la vida real y hacerlo en el cine. “Así puedo ser yo misma en la vida real”, resume Johnson. Dice ser alguien que se niega a pasarse la vida pensando lo que los demás opinarán de ella. “Aún así se me hace muy extraño y remoto verme en la pantalla”, remata con una risa propia, sin vergüenza pero divertida de ver a esa otra que no es ella interpretar los papeles que ella elige.Recomendar en Facebook7

Carta a Pablo Iglesias


Carta a Pablo Iglesias #Podemos
Estimado, o no, Pablo Iglesias:
Llevo tiempo viendo tu evolución en la esfera pública y tenía ganas de dedicarte unas líneas. Intento no dejarme llevar por ningún tipo de prejuicio porque son tan útiles como coger unos prismáticos al revés. Observas la realidad de una manera mucho más alejada que sin hacer uso de ellos. Pero me resulta muy difícil deshacerme de los prejuicios cuando algún político español habla de Catalunya. Contigo hubiese preferido equivocarme y afirmar que, por fin, un político español se había ganado mi estima. Sin embargo, no ha sido así. Creo que muchos hemos pasado de cierta Pablomanía a la manía a Pablo. Y es que, desde que Cristiano Ronaldo afirmó que la gente le tenía envidia porque era rico y guapo, nadie había conseguido caerme tan mal. Quizá te preguntes por qué. Te daré unas cuantas razones:
*       Desconfío de los tertulianos. Es más, desconfío de los tertulianos que acaban en política. Nunca votaré a nadie que haya nacido políticamente en un plató. Me lo prohíbe mi religión. Ver a alguien que teoriza sobre una sociedad utópica mientras su piel está maquillada para evitar el brillo de los focos y que, a continuación, en el corte publicitario, se anuncie una crema anti hemorroides, es algo que me deja en fuera de juego. Aunque, eso sí, cada vez le veo más relación. Quizá he mirado mal.
*       Desconfío de los que dicen que son de izquierdas. Los que son generosos jamás lo publicitan, los discretos jamás verbalizan que son discretos, los sinceros jamás necesitan justificar que son sinceros, los que son de izquierdas jamás dicen que son de izquierdas. No son sus palabras, son sus acciones las que permiten confirmar su ideología. Y a ti, francamente, te he visto bastante más en un plató de Lara que delante de los antidisturbios. Quizá he mirado mal.
*       Desconfío de los políticos españoles que vienen a Catalunya a buscar votos. La hemeroteca permite desmontar toda la impostura que ha habido en esos intentos. Venís para darnos lecciones morales y, al mismo tiempo, para asegurar que habéis leído a Espriu, que habéis veraneado en la Costa Brava o que siempre untáis el pan con tomate. En esos casos, os votaría si os llamaseis Potemos. Porque potar es precisamente lo que me apetece cuando asisto a esas dosis de demagogia. Contigo, quizá he mirado mal.
*       Desconfío de los políticos españoles que vienen a Catalunya a enseñarnos cómo debemos ser. No sé qué os sucede a 600 Km de distancia pero tengo la sensación de que, por mucha pedagogía que se haga, seréis incapaces de entender nada de lo que se respira aquí. O nos enfrentamos al autoritarismo facha o al paternalismo de la izquierda. No hay término medio. O, por lo menos, yo no lo percibo. No te he visto en ninguna Diada, no te he visto hablando con Carme Forcadell o Muriel Casals, no te he visto en ninguna concentración a favor del derecho a decidir. ¿Es pedir mucho a alguien que quiere presidir nuestro destino? ¿Pasar una semana en Barcelona para hablar directamente con la sociedad civil va en contra de tu ideología progre chachipiruli? Lo siento, no te he visto en Catalunya interesándote de veras por lo que piensa la gente de la calle. Ni a ti, ni a nadie. Quizá he mirado mal.
*       Desconfío de los políticos que visten de uniforme. Unos llevan corbata como signo de pertenencia al grupo. Otros visten camisa blanca y adornan su cabeza con una coleta. ¿También tienes asesores de imagen? “Marketing político” debería ser un oxímoron para alguien que presume de ser el anti casta. Quizá esté equivocado pero en Podemos me resulta todo muy artificial. Quizá he mirado mal.
*       Y, sobre todo, desconfío de los discursos vacíos, del populismo, de la pedantería, de las verdades absolutas, de las frases hechas, de los titulares pancarteros. No, Pablo, el problema de España no es la casta: es la chulería, es la prepotencia, es el espíritu quijotesco que enmudece la visión de Sancho Panza para convencernos de que ser español lleva adjunta una cierta idea de vete a saber qué gloria. No, Pablo, muchos hemos desconectado. No ya de la derecha, sino de esa izquierda acomplejada, que no ha sabido encontrar un discurso coherente en un mundo globalizado en el que los mercados no deberían dictarlo todo. Quizá he mirado mal.
Siempre serás bienvenido, como lo es todo el mundo en esta tierra de acogida. Pero no vengas a dar lecciones, no ofendas a la inteligencia colectiva diciendo que no te abrazarías a Rajoy o a Mas cuando sí que le diste una mano al Borbón para recibir una beca con la otra. En España el más tonto hace relojes y, a muchos, ya no nos apetece mirar la hora en ese reloj de la Puerta del Sol. Estamos en 2015. Pero quizá he mirado mal.