El desvergonzado partidismo y sectarismo de ‘El País’


Dominio público

Opinión a fondo

El desvergonzado partidismo y sectarismo de ‘El País’

20Oct 2016

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

Bajo la dirección de Antonio Caño, que fue en su día el corresponsal de El País en EEUU (ver mi artículo “El sesgo profundamente derechista de Antonio Caño, el nuevo director de El País”, Público, 24.02.14), el diario ha alcanzado unos niveles de partidismo derechista que no tienen nada que envidiar al partidismo exagerado que muestran rotativos como La Razón y el ABC, periódicos que representan muy bien la escasa calidad y manipulación que caracterizan a la derecha española (que en el espectro político actual en la Unión Europea correspondería a la ultraderecha). Ni que decir tiene que hay columnistas y colaboradores de gran valía en tal periódico, con orientación progresista. Pero, además de ser una pequeña minoría entre los colaboradores y articulistas de este medio, ahora guardan un silencio ensordecedor frente a dicho sectarismo, y falta de profesionalidad, lo que parece reflejar un temor a la disidencia en un ambiente profesional con escasísima diversidad intelectual donde se excluyen sistemáticamente posturas críticas con sensibilidad de izquierdas. El “anti-izquierdismo” de El País alcanza niveles semejantes al del Daily Telegraph en el Reino Unido, o al del Wall Street Journal en EEUU. Con su abusiva manipulación y vulgar estilo (generalizado en la cultura de mala leche que caracteriza a la derecha en este país), intenta destruir a aquel a quien El País considera que es su adversario (mejor dicho, y tal como lo proyecta tal rotativo, su enemigo). Permítanme varios ejemplos.

La excesiva utilización y manipulación de un inexistente antiamericanismo

El columnista Xavier Vidal-Folch, que escribe frecuentemente sobre temas económicos, firmó un artículo (“Última oportunidad”, El País, 26.09.16) a favor del Tratado de Libre Comercio entre EEUU y la UE en el que definió a los que se oponían a dicho tratado como “antiamericanos” (con lo cual quería decir antiestadounidenses, pues la mayoría de americanos viven en el sur y centro de las Américas, no en el norte), acompañando predeciblemente esta definición con toda una serie de insultos y sarcasmos que, por desgracia, son costumbre en este columnista (al cual, por cierto, solía leer en tiempos pasados, pero lo hago con menos frecuencia desde que su estilo y narrativa han cambiado bajo la nueva dirección del diario). Según tal definición de “antiamericanismo”, nos encontramos con que la mayoría del pueblo estadounidense, así como la mayoría de sindicatos de EEUU, además de los dos candidatos a la presidencia de EEUU, el Sr. Trump, candidato del Partido Republicano, y la Sra. Hillary Clinton, candidata del Partido Demócrata, son, todos ellos, “antiamericanos”, pues todos ellos están en contra de tal tratado (la Sra. Clinton pasó de apoyarlo cuando fue Secretaria de Estado -equivalente a Ministro de Asuntos Exteriores- del gobierno Obama, a distanciarse ahora durante la campaña electoral). Lo que este articulista está haciendo es lo que siempre han hecho las derechas de cualquier país, confundiendo al Estado con el país. De ahí que definan a los movimientos (por regla general de izquierdas) que se oponen a las políticas públicas promovidasy/o llevadas a cabo por el gobierno federal de EEUU como antiestadounidenses, aun cuando muchas de tales políticas públicas cuenten también con la oposición y desaprobación de la mayoría de la ciudadanía estadounidense.

En realidad, el desconocimiento de EEUU de tal columnista es sorprendente. En otro artículo reciente, “Nostalgia de Obama” (17.10.16), en alabanza del Presidente de EEUU indicaba que uno de sus méritos había sido poner fin “al militarismo imperial de Cuba” (cita directa del artículo), afirmación que se espera de los Eduardo Inda de este país, pero que considero lamentable leer en las páginas de El País. Cualquier observador, mínimamente objetivo, de la política exterior de Cuba, puede ver que su ayuda exterior no es en materia militar, sino en causas humanitarias (ayuda en las regiones del ébola en África, en el huracán en Haití, y en muchos otros lugares del mundo), ayuda que ha sido ejemplar, como es ampliamente reconocido, incluso por el propio Presidente Obama (cuyo Estado federal, por cierto, tiene bases militares por todo el mundo) y por el Secretario de Estado de EEUU, el Sr. Kerry. La cantidad y calidad de tal ayuda, con el compromiso ejemplar de los profesionales sanitarios que participan en ello, ha sido alabada extensamente, incluso por voces conservadoras capaces de ser objetivas.

La demonización de Pedro Sánchez (ahora) y de Pablo Iglesias (siempre)

Este tipo de comportamiento de sectarismo aparece también abusivamente en su cobertura del partido Podemos y de la coalición Unidos Podemos, y que ahora incluye también al hasta hace poco Secretario General del PSOE, el Sr. Pedro Sánchez. Sus reportajes tienen como objetivo no ya criticar, sino destruir a los dirigentes de partidos políticos que son considerados adversarios (perdón, enemigos). Uno de los últimos editoriales de El País sobre Pedro Sánchez (“Salvar al PSOE”, 29.09.16) alcanzaba unos niveles de insulto y sectarismo que se reproducen constantemente, en este rotativo y otros medios del Sr. Juan Luis Cebrián, en la cobertura del Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias. En aquel editorial se utilizan todo tipo de adjetivos insultantes, acusándole de no haber dimitido (antes de que lo hiciera), por haber sido, supuestamente, responsable de la caída de votos socialistas en Galicia y en el País Vasco. Esta personalización de responsabilidades, exigiendo la dimisión de Sánchez como consecuencia del descenso electoral del PSOE, contrasta con los editoriales que escriben a favor de la Sra. Susana Díaz, Presidenta del Gobierno Andaluz, bajo cuyo mandato el PSOE ha alcanzado el apoyo electoral (en porcentaje de votos) más bajo conocido en Andalucía.

En realidad, este retroceso del PSOE viene ya de muy lejos y se debe a su conversión al neoliberalismo, conversión que fue alentada y apoyada por el propioEl País, uno de los rotativos españoles que ha promovido más intensamente esta ideología neoliberal, cuya aplicación por parte de sucesivos gobiernos españoles (gobierno Zapatero y gobierno Rajoy) ha sido sumamente perjudicial para el bienestar de las clases populares de este país. No es, pues, de extrañar que tales clases hayan ido abandonando su apoyo al PSOE. Las responsabilidades de tal retroceso electoral son muchas, incluyendo las del propio rotativo que sistemáticamente, en su campaña propagandística a favor de las políticas neoliberales promovidas por el establishment financiero-político y mediático europeo, excluye a economistas españoles de sus páginas de opinión que cuestionan la sabiduría convencional neoliberal que el diario promueve.

La mentira y manipulación como táctica del rotativo

Pero, por si el editorial citado anteriormente no fuera poco, el responsable de Opinión de El País, el Sr. José Ignacio Torreblanca (responsable de la exclusión de voces críticas en tal sección), escribió hace unos días un artículo en el que, de nuevo, insulta a aquellos que responsabilizan a los barones del PSOE, incluido Felipe González, de oponerse a la alianza PSOE-Podemos prefiriendo, en su lugar, la continuación del gobierno Rajoy. Torreblanca indica, como dicen los barones, que no hay alternativa posible a Rajoy, pues las izquierdas no suman ahora, ni sumaron en 2015, los escaños suficientes para permitir una alternativa de izquierdas. Concluye, pues, como también concluye el editorial de El País del mismo día, que Sánchez está llevando “al PSOE al abismo por la quimera de querer pactar con un Podemos que no quiere pactar con él (el subrayado es mío) (ver el artículo “Quimeras“, El País, 29.09.16).

Este personaje está mintiendo (y él lo sabe), pues es a todas luces visible y público que Podemos, tanto en 2015 como en 2016, expresó su deseo de pactar con el PSOE. Fueron los barones del PSOE y el propio El País los que no quisieron, y solo permitieron que se abriera esta posibilidad una vez el PSOE pactara primero con Ciudadanos, estableciendo una dinámica que sabían a priori que sería muy difícil para Podemos poder aceptarla. El frente PSOE- Ciudadanos representaba una alianza hostil a la plurinacionalidad de España, defendida por Podemos, cuya estructura casi federal incluye fuerzas claramente opuestas a la visión uninacional de dicho frente. Es más, el pacto entre el PSOE y Ciudadanos mantenía elementos claves del neoliberalismo imperante. Si el PSOE hubiera estado interesado en explorar alternativas, lo lógico es que se hubiera sentado para pactar con Podemos, y no con Ciudadanos; y luego, conjuntamente, explorar alianzas con otros partidos.

Y lo mismo está ocurriendo ahora, en 2016. La diferencia en este momento es que una vez vistas las intenciones reales de Ciudadanos (que siempre incluyó gobernar con el PP), Pedro Sánchez estaba dispuesto a pactar con Unidos Podemos -UP- (lo cual tenía que haber hecho ya en 2015). Y Unidos Podemos había invitado a Pedro Sánchez a explorar una alternativa al gobierno Rajoy liderada por una alianza PSOE-UP. El País y sus portavoces sabían de ello (pues era pública la invitación de Pablo Iglesias a Pedro Sánchez) y mienten a sabiendas. La alianza PSOE-Unidos Podemos podía haber conseguido el apoyo de los otros partidos que han indicado y expresado su deseo de que desplacen del gobierno al partido gobernante más corrupto de Europa. Pero El País jamás lo permitió. Con una actitud apostólica, digna de la mejor causa, mintió, manipuló, insultó e intentó destruir a los que el Sr. Cebrián considera sus enemigos (a los cuales, además, su diario define como anti España). Y a este comportamiento lo definen como democrático y defensor de la libertad de prensa, todo ello sumamente predecible.

Las manipuladoras encuestas de EL PAÍS

Y semejante manipulación aparece también en las encuestas que periódicamente publica El País, haciendo siempre coincidir sus resultados con los deseados por la dirección del diario, confirmando sus tesis. En realidad, en el artículo que el director de la compañía que realiza las encuestas de El País (el Sr. Toharia) escribió acompañando la publicación de la última encuesta, este dejó cualquier atisbo de objetividad en su descripción de los resultados de la encuesta, saltando ya directamente a proponer los cambios políticos que también proponía la línea editorial, que coincide con la propuesta del aparato y barones (pero no de la militancia) del PSOE, representados, por cierto, por el Sr. Felipe González y el Sr. Rubalcaba, conocidos barones de este partido, que se sientan en el Consejo Editorial de El País (José Juan Toharia,Tocado, pero no hundido”, El País, 16.10.16).

La obsesión enfermiza contra Pablo Iglesias

El País, como la mayoría de medios de información y persuasión españoles, tiene una obsesión enfermiza contra el Secretario General de Podemos, el Sr. Pablo Iglesias, que alcanza dimensiones delirantes en editoriales como el titulado“Iglesias desatado” (18.10.16), en el que se presenta la supuesta batalla entre Errejón (sobre quien El País había mentido indicando que deseaba desbancar a Iglesias como Secretario General) y Pablo Iglesias como si la hubiera ganado este último, habiendo abandonando de forma oportunista la socialdemocracia para convertirse al allendismo. Tengo que admitir que tuve que leer este editorial dos veces, pues me era difícil aceptar que el que escribió tal editorial pudiera ser tan ignorante, pues, por lo visto, desconocía que el gobierno de Unidad Popular (presidido por Allende), al cual tuve el enorme privilegio de asesorar, era socialdemócrata, intentando desarrollar el socialismo a través de la vía democrática, proyecto que el aparato del PSOE (pero no su militancia) habían y continúan abandonando.

Última observación: ¿hasta cuándo este silencio ensordecedor?

Para los que habíamos colaborado hace ya tiempo con El País y teníamos esperanzas de que podría ser un rotativo que rompiera con el enorme conservadurismo de los medios en España, nos entristece que se haya convertido en uno de sus mayores puntales, presentando, editorial tras editorial, y encuesta tras encuesta, el anti-izquierdismo que tipifica a la gran mayoría de los medios, convirtiendo España en una dictadura mediática. Y mientras, nos debemos preguntar ¿Hasta cuándo las voces auténticamente democráticas dentro del rotativo permanecerán calladas? ¿Cuándo romperán su silencio ensordecedor? Ya va siendo hora de que, de la misma manera que hubo periodistas e intelectuales durante la dictadura que protestaron por la manipulación de la prensa y televisión durante aquel régimen, existan ahora voces semejantes que protesten frente a la dictadura mediática que este país está sufriendo.

Una última nota. Las voces críticas, por desgracia, no tienen acceso a los grandes medios. De ahí que tenga que hacer el ruego de que el lector comprometido con la libertad de expresión necesaria pero no existente en este país, distribuya extensamente este artículo. Gracias.

EL ELEFANTE BLANCO


ultimátum de Susana

21Oct 2016

 

La reunión del próximo domingo del comité federal del PSOE es puro formalismo. Quien detenta el poder real –la gestora es solo una mera gestoría de Susana Díaz– ha anunciado ya la abstención del grupo parlamentario socialista en la inminente investidura de Rajoy. Además de violar los estatutos del partido, viola ahora la Constitución que prohibe expresamente el mandato imperativo a los diputados.  No le basta ahora con una docena solo de abstencionistas, más que suficientes para que el presidente en funciones siga en la Moncloa, sino que exige la socialización de la vergüenza. Que se atengan a las consecuencias, advierte, a aquellos que a la hora de votar sigan con aquel no es no refrendado por todos sus militantes y votado por sus electores. Claro y alto debe escucharse la abstención de cada uno de los 85 diputados socialistas. Aquí no se salva ni Dios. No debe quedar ni uno que mañana pueda decir que votó contra la derecha. El ultimátum de Susana es tajante. Que se pringue todo el mundo.

Es un golpe sobre el golpe.Un nuevo golpe territorial montado sobre el golpe de estado contra Pedro Sánchez. Aprovechando el caos directivo generado por los golpistas, busca subordinar todas las restantes federaciones a los intereses del socialismo clientelar de Susana Díaz. Es todo un torpedo en la linea de flotación del federalismo del PSOE. Ninguna otra federación, sea la catalana, la vasca o la balear, debe romper la disciplina de voto pese a que la abstención sea rechazada por la gran mayoría de ciudadanos de estos territorios. O  reeditan ese modelo andaluz, gobernar con la derecha en Sevilla a la vez que abstenerse con la derecha en Madrid, o el fantasma de José María Triginer –líder socialista anterior a la fusión del PSOE con el PSC– podría acabar resucitando de la mano de la gestoría Javier Fernández. Iceta sería así el chivo expiatorio para que tanto Patxi López como Francina Armengol no se desmanden. Como anticipo, la Gestora acaba de disolver la gestora que dirige el partido socialista de Galicia por seguir defendiendo el no.

La rendición debe ser total. No caben planteamientos intermedios. No se negocia tras haber triunfado en el golpe de estado. Así los diputados empiezan a recorrer la senda marcada por ese Elefante Blanco llamado Susana Díaz. Invocan la disciplina de partido, rota por los golpistas, para justificar ese gran silencio de los corderos iniciado por el jefe de la manada Antonio Hernández. Pero este serio problema se complica con los que ocupan escaños catalanes, vascos, gallegos o mallorquines, a los que se les ordena literalmente que se suiciden ahora en sus comunidades. Ahí no puede colar el cretinismo parlamentario, combinar la teoría del no con la práctica de la abstención. Por el momento, el Partido Socialista Catalán ya ha convocado su Consejo Nacional el próximo lunes, justo después de la reunión del comité federal.

Susana Díaz necesita subordinar todo el PSOE a Rajoy como Julián Besteiro tuvo que entregar toda la España republicana, casi una tercera parte del territorio, a Franco. Liquidado Pedro Sánchez como lo fuera Juan Negrín, la lideresa se ve obligada hoy, como aquel golpista de febrero de 1939, a terminar con toda resistencia a su autoridad. No caben reservas mentales, pese a que la lideresa corre el riesgo de verse sin honra y con urnas. La abstención que hoy regala a Rajoy, para evitar unas terceras elecciones, puede ser inútil si la Moncloa opta por convocar unas elecciones anticipadas un semestre después de diciembre. A partir del mes de mayo, cumplido el plazo de un año desde las anteriores, Rajoy podría convocarlas si lo estimase muy conveniente para sus intereses. Alguien debería explicarle a Susana Díaz lo que vivió Besteiro en la cárcel de Carmona después de entregar España a Franco. ¿Quién garantiza que Rajoy no imitará a su paisano?

El grave problema para el PSOE, del que empieza a ser consciente, es que Susana Díaz es la mejor discípula de ese nacionalismo andaluz defendido por Alejandro Rojas Marcos. Es toda una ironía del destino que este dirigente del desaparecido Partido Socialista Andaluz, viejo enemigo de Felipe González, se haya encarnado en la lideresa hasta el punto de que la federación andaluza del PSOE exprese hoy, mucho mejor que el PSA ayer, las tesis nacionalistas. Algo muy parecido a un PNV andaluz que solo analiza según los intereses de Andalucía. O mejor dicho, puesto que el nacionalismo vasco nunca ha intervenido en Madrid, algo parecido a una CiU andaluza que sí lo hace.

Que el PSOE se haya convertido hoy en un Protectorado del socialnacionalismo andaluz es un muy  grave problema para el PSOE, puesto que lo encamina decididamente hacia la pasokización, pero muchísimo más preocupante es que apueste por encaminar a la sociedad española hacia la griega. Si esa política de duros recortes neoliberales que se nos viene encima en los próximos meses, ya pactados con la señora Merkel, no encuentra una respuesta socialdemócrata, el escenario social español será muy análogo al griego. Porque la abstención de Susana Díaz solo puede aportar más paro, precariedad y miseria, bastante similar por cierto, a la existente en toda Andalucía. Sin una alternativa al gobierno de Rajoy, España será cada vez más una copia de Grecia y el Mediterráneo acabará siendo un lago neoliberal.

Y NO ESTABA MUERTO NO NO


Josep Borrell

No sabía que estaba muerto

Después del Comité Federal del pasado 1 de octubre, un articulista de El País decía que en la entrada de Ferraz “había cosechado aplausos, como nunca los había tenido cuando estaba vivo”.

En realidad había más prensa que aplausos, pero ¡caramba!, pensé yo, ¡no sabía que estuviera muerto…! Probablemente el articulista lo decía en algún sentido metafórico. Y así debía ser, porque en las posteriores ediciones digitales lo de “estar vivo” ya se ponía entre comillas. Pero a lo mejor los lectores de Sistema Digital también pensaron que me había muerto, porque mi última colaboración es del 29 de julio (“Huyamos de vacaciones”) y desde entonces han pasado muchas cosas y casi ninguna buena.

Entre las peores están el desarrollo de dicho Comité Federal, lo ocurrido en la semana anterior y la actual situación de crisis en las que se encuentra el partido socialista. Muchos comentaristas lo han descrito y, en particular, el director de estas páginas digitales. Al analizar la situación en la que se ha colocado el PSOE, alguno (Quim González Muntadas) la ha calificado de zugzwang, que es la del jugador de ajedrez que tiene que mover ficha y cualquiera de las soluciones que elija significa empeorar su situación, o incluso situarse en un inevitable jaque mate.

Para salir de esta situación es importante saber cómo se ha llegado a ella. Lo ocurrido no se puede zanjar diciendo, como algunos/as han dicho, que lo pasado… pasado está y a otra cosa mariposa. Lo pasado importa, porque hay sistemas que tienen memoria y no es lo mismo llegar a la situación “A” por el camino “B” que por el “C”. Y porque el tiempo no lo borra todo, como algunos, quizás los mismos, parecen esperar.

El resultado electoral hizo que el PSOE fuese el único partido que podía liderar la hipotética formación de un Gobierno alternativo al del PP, dejarle gobernar en minoría, o provocar las terceras elecciones. Eso nos daba una ventaja política que hemos desaprovechado totalmente, hasta colocarnos en una situación en la que todas las opciones que quedan son costosas, y habiendo provocado la división dentro del partido, la irritación de sus militantes y el desconcierto de los electores.

La responsabilidad mayor de esta situación la tienen aquellos dirigentes que aprobaron en el Comité Federal la decisión del doble no a la investidura de Rajoy, aplaudiéndola o por lo menos no oponiéndose en tiempo, lugar y forma, mientras la criticaban fuera en multitud de declaraciones que daban a entender que la opción que preferían era la abstención que hiciera posible un Gobierno del PP.

Aunque el “no es no” de Sánchez fuese una decisión unánime del Comité Federal, en realidad, la unanimidad en el rechazo a la abstención era sólo fachada. Y a medida que Sánchez se comprometía sin retorno en el “no es no”, muchos de los líderes territoriales, y de sus viejos o nuevos enemigos, iban dejando, cada vez más claro y de forma muy pública, que no lo compartían.

¿Cómo si no se puede entender que quien da el visto bueno en el Comité Federal al “no es no” a Rajoy, luego descubra fuera que “con 85 diputados no se puede gobernar”, o que “los ciudadanos nos han puesto en la oposición”?

Pero, ¿es que no lo sabían cuando participaron en la decisión de votar en contra de la investidura de Rajoy? ¿Por qué no extrajeron entonces, ni asumieron después, las consecuencias lógicas de ese planteamiento? Quizás porque decir claramente que había que abstenerse tenía, y tiene, un coste seguro frente a la militancia que podría lastrar futuras ambiciones orgánicas.

Ahora, algunos de los que se encallecieron las manos y las gargantas apoyando el “no” a Rajoy se pasean por los medios de comunicación argumentando que por responsabilidad y por el bien de España, al que por supuesto hay que colocar por encima del interés partidario, los diputados socialistas deben abstenerse para hacer posible que gobierne el PP de Rajoy.

Puede que lo hagan desde la más honesta convicción. Pero, ¿por qué no lo dijeron antes, cuando tocaba, cuando el órgano político al que algunos pertenecen tomó la decisión que ahora critican? No veo hechos nuevos que apoyen hoy más que ayer dar la llave del Gobierno a Rajoy. Más bien al contrario, con la exposición pública de todas las tramas de corrupción que asolan a ese partido y a buena parte de sus dirigentes. Los que ahora claman por la responsabilidad de la abstención, ¿dónde estaban cuando se tomó la decisión contraria? ¿Tan fuerte era el liderazgo de quien lo proponía que se vieron arrastrados sin remisión por él?

Desde el día siguiente a la noche electoral hemos sufrido una clamorosa falta de estrategia, es decir de fijación de objetivos y de los medios para conseguirlos. Ha faltado una discusión abierta en la que se analizaran la viabilidad de las opciones en vez de negarlas todas. Y han sobrado maniobras tácticas de bajo vuelo, silencios insinceros e intentos de quedar bien, intentando que fueran otros los que cargaran con los costes de decisiones impopulares para pasarle factura después.

Cuando el Comité Federal decidió no apoyar la investidura de Rajoy pensé que debían creer en la posibilidad de un plan “B”, es decir, en la formación de un Gobierno alternativo liderado por el PSOE o en la de un Gobierno en solitario con apoyos puntuales. Porque de lo contrario no se entendía que se dijese al mismo tiempo no a Rajoy y se rechazasen las terceras elecciones.

Pero no era así, como se encargaron de poner de manifiesto las continuas declaraciones contradictorias con  lo decidido. Pedro Sánchez hubiera debido ser consciente del escaso apoyo real que su posición tenía entre muchos dirigentes territoriales. Sin duda lo era. En mi opinión hubiera debido plantearlo abiertamente en un Comité Federal, después del doble no a Rajoy. Hubiera debido ir al CF a decir que, a pesar de todas las presiones en contra, hemos rechazado la investidura de Rajoy; misión cumplida. Y, ¿ahora qué hacemos?

Poner las cartas sobre la mesa y hacer que todos enseñaran las suyas asumiendo las consecuencias de lo que decían o insinuaban en sus declaraciones públicas. Pero quizás conociendo el rechazo larvado de una parte de la “dirigencia”, propensa a pasar a la oposición, que es donde “los electores nos han colocado”, aunque sin atreverse a decir cómo, optó por buscar el apoyo directo de la militancia. Y convocó un proceso de primarias-congreso, que concluyese antes del fin del plazo para convocar elecciones. Una decisión políticamente discutible y personalmente muy arriesgada.

Lo ocurrido después se ha descrito en estas páginas digitales en el articulo de JF Tezanos: “La semana triste del PSOE”.

Durante esa triste semana, en el PSOE se han confundido tres cuestiones: la estrategia para formar gobierno con la crítica a Sánchez por su empecinamiento en el “no” y los condicionantes de una alternativa; las ambiciones personales de poder de unos y otros; y la interpretación y respeto a las normas estatutarias.

En lo que se refiere a esta última cuestión, que no por instrumental es menos importante, lo ocurrido es lamentable. Es lícito discrepar de la Ejecutiva y preferir otros líderes. Pero una organización política de la importancia y años de vida como el PSOE debe tener claras sus normas y cómo aplicarlas, y no ha sido así.

Los llamados “críticos” con Sánchez hubieran debido presentar una moción de censura, que para eso está prevista en los Estatutos, como al final acabaron haciendo en medio de la confusión. Prefirieron correr menos riesgos, evitar el debate abierto en el Comité Federal y la correspondiente decisión democrática de sus miembros. Consiguieron las suficientes dimisiones de los miembros de la Ejecutiva para que, sumadas a las vacantes ya creadas, algunas por mortis causa, alcanzaran la mitad más uno de sus miembros, creyendo que automáticamente sería sustituida por una gestora. Pero eso no se deduce de los estatutos, como al final también tuvieron que aceptar de facto. Lo único que los estatutos establecen es que el Comité Federal deberá, que es un verbo imperativo, convocar un Congreso Extraordinario.

Eso es lo que se votó el sábado. Y eso es lo que apoyé, porque entendía, y entiendo, que era un mandato imperativo de los Estatutos. La convocatoria era algo que el Comité Federal DEBÍA aprobar, lo único que el Comité Federal tenía libertad para decidir era la fecha, y en eso se podía discrepar. La propuesta de la Ejecutiva de Sánchez era de que fuese cuanto antes, después del plazo mínimo de 40 días. Fue rechazada, y la consiguiente dimisión de la Ejecutiva provocó la creación de una Comisión que dirija políticamente el partido hasta que sea substituida por una nueva Ejecutiva.

Pero eso no quita que siga vigente la obligación de convocar un Congreso Extraordinario, que por su propia naturaleza no puede demorarse sine die. Y eso es lo que están pidiendo buena parte de los militantes socialistas y eso es lo que yo he apoyado con mi firma, porque me parece una obligación exigida por los Estatutos que son nuestra legalidad interna.

Cierto que el respeto a los Estatutos y Reglamentos ha sufrido serios daños. En algunos casos de forma grotesca o esperpéntica. Cuando me enteré de que una militante se había presentado en Ferraz, después de la dimisión de una parte de la Ejecutiva, clamando que ella era la “única autoridad en el PSOE” porque era la Presidenta del Comité Federal, pensé que se trataba de alguien que sufría alguna clase de desequilibrio emocional. Pero cuando me dijeron que no, que era ni más ni menos que la secretaria general del PSOE en Sevilla y presidenta de la mesa del Comité Federal, no salía de mi asombro.

Pero me quedaba todavía por ver cómo lo repetía al principio del Comité Federal, arrogándose la condición de “única autoridad“ que decidiría el desarrollo de los trabajos del Comité y de su orden del día, haciendo caso omiso del carácter colegiado de la mesa que tiene el limitado encargo de ordenar y dirigir los debates.

Y para más inri, cuando se le pide que lea el artículo del Reglamento que así lo establece claramente, contesta que es discutible y que como que a ella le corresponde interpretarlo, se harán las cosas como ella diga.

Con planteamientos de este tipo no es extraño que el Presidente de la comisión gestora haya tenido que pedir disculpas por el desarrollo del Comité Federal, cuya descripción y análisis merecen un libro más que un artículo.

Espero que antes de su próxima reunión, alguien sea capaz de decidir quién y cómo se dirigen los trabajos del Comité Federal y cuáles son los poderes del presidente de su mesa. De lo contrario, no será posible debatir adecuadamente la importante decisión que el Comité Federal debe adoptar.

Después de lo ocurrido, la decisión de abrir la puerta del Gobierno al PP o ir a nuevas elecciones es todavía más importante. Tanto, que en mi opinión no hubiese sido malo una consulta a los militantes. Una opción que ha sido descartada tajantemente por la Comisión Gestora y que, según algunos, no se corresponde con la “tradición” del socialismo y sería signo evidente de la “podemizacion” que nos acecha.

No comparto esas apreciaciones, aunque las respeto. Más bien creo que la verdadera razón para no consultar a los militantes una decisión de tanta trascendencia es el temor de que estos rechacen rotundamente la abstención para dar el Gobierno a Rajoy. Una abstención que en este caso sería totalmente gratis, sin posibilidad alguna de negociar contrapartidas como yo proponía desde el principio. Y no deja de ser curioso que el Comité Federal decidiera consultar a los militantes el acuerdo con Ciudadanos para intentar formar un Gobierno alternativo al del PP, y ahora se niegue la posibilidad de una consulta ante una cuestión de mucha mayor trascendencia.

Así se puede producir una brecha más dentro del PSOE, esta vez entre la opinión de sus militantes y la de sus dirigentes. Como se puede producir otra de tipo territorial entre el PSC y el PSOE. Ya no podemos poner condiciones al PP, más bien nos la puede poner a nosotros. Evitaríamos terceras elecciones ahora a costa de tenerlas que enfrentar en un futuro próximo, si realmente hacemos la oposición dura que deberíamos hacer, rechazando por ejemplo los presupuestos, y Rajoy las convoca para garantizar la gobernabilidad. Todo tendrá que ser tomado en consideración, aunque sea tarde y en posición de debilidad, para adoptar una decisión que se inscribe en la crisis general de la socialdemocracia europea y que no es exagerado calificarla de histórica.