Es una crisis de Estado


 

ENRIC JULIANA Author Img

 

 

ENRIC JULIANA, Madrid

21/09/2017

Nada mejor que hablar con periodistas y observadores extranjeros para entrenarse en el difícil ejercicio de la síntesis. Al final del día quedan sobre la mesa unos cuantos comprimidos.

Primero. La actuación más contundente que se ha llevado a cabo en España contra un gobierno autónomo, por motivos políticos, tiene lugar pocas horas después de que la línea del Gobierno sobre Catalunya haya sido derrotada en el Congreso de los Diputados. Las acciones judiciales y policiales que en estos momentos tienen lugar en Barcelona no cuentan con el respaldo explícito del Congreso. La política española está entrando en una peligrosa fase de excepcionalidad sin el visado del Parlamento. La legislatura puede quedar totalmente bloqueada según cómo evolucionen los acontecimientos.

Segundo. Se está produciendo un salto cualitativo en la protesta catalana, que el poder ­central parece ignorar o menospreciar. La intervención económica de la Generalitat –sin pasar por el Parlamento–, las detenciones y los registros están generando una ola de indignación que sobrepasa los límites sociales del independentismo. El caudal de la protesta se está ensanchando. Aun cuando están en desacuerdo con sus gobernantes, la gran mayoría de los catalanes siente un fuerte apego por la Generalitat. Es la historia del país y es el legado de Josep Tarradellas. Hace ahora cuarenta años, con el presidente Tarradellas regresó la institucionalidad catalana. La nación representada por una institución. Los pasados días 6 y 7 de septiembre, los independentistas cometieron el inmenso error de forzar la institucionalidad catalana en el Parlament. Aquel día, perdieron. Mucha gente se acostó abochornada. Dos semanas después, el aparato del Estado agarra la institucionalidad catalana por la solapa: ahogo económico de la Generalitat –sin debate en el Congreso–, detenciones, setecientos alcaldes imputados… Se está activando en Catalunya un reflejo defensivo que sobrepasa el recinto soberanista.

Tercero. La ampliación del canal de la protesta puede estar desdibujando algunas fronteras emocionales entre independentistas y no independentistas. Este nuevo fluido puede incrementarse en los próximos días, según cuáles sean las decisiones del aparato del Estado. Las cosas podrían cambiar de signo si la mayoría soberanista en el Parlament cede a la tentación aventurera y se lanza a una declaración unilateral de independencia. El día 1 de octubre se está perfilando como una gran jornada de protesta. Muchos de los centros de opinión de Madrid son asombrosamente insensibles a la dinámica profunda de los acontecimientos. Catalunya puede estar entrando en el ciclo histórico de su separación de España ante el insensato aplauso de las tertulias madrileñas. Un ciclo histórico no necesariamente corto. El día en que el independentismo alcance una adhesión del 60% no habrá Guardia Civil que lo pare.

Cuarto. Se están contraviniendo algunos de los consejos sabios que ha recibido el Gobierno español en los últimos dos o tres años. Michael Ignatieff, federalista canadiense, declaraba lo siguiente a El País hace diez meses: “¿Se sienten los catalanes una nación? Por supuesto. Sería estúpido, o al menos mal aconsejado, negar esa evidencia. El objetivo es conquistar y retener la lealtad del sector moderado de la población que se siente orgulloso de su identidad, de su lengua, y que se siente distinto del resto de españoles, pero aun así quiere permanecer en España”.

Quinto. Ayer hubo protestas en diversas ciudades españolas. Madrid, todo el Arco Mediterráneo, el País Vasco, Galicia, Andalucía… Españoles preocupados por el futuro de su país. Hay en estos momentos una gran inquietud ante las imágenes de Barcelona. La reacción popular en Barcelona tiene el grosor de las crisis de Estado. El Gobierno no puede renunciar al cumplimiento de la ley y de la Constitución, pero tiene la obligación de ofrecer perspectivas de salida. No hay autoridad sin horizonte.

Sexto. El Partido Nacionalista Vasco, pieza imprescindible de la actual mayoría presupuestaria, se está alejando del Gobierno. No quisiera hacerlo, no le interesa, pero la dinámica de los acontecimientos le empuja en esa dirección. El PNV estará en la asamblea de parlamentarios que Podemos convoca el domingo en Zaragoza. Hace un mes, ese escenario era imposible. Rajoy podría prorrogar los presupuestos actuales, pero se enfrenta al riesgo de una legislatura definitivamente muerta.

Séptimo. Hay muchas preocupación en los principales gobiernos europeos y en Bruselas. No les gusta nada la dinámica en curso.

“¡No volváis!”


 

“¡No volváis!”

FRANCESC-MARC ÁLVARO Author Img

 

FRANCESC-MARC ÁLVARO

21/09/2017

Un tuit de la dirigente y portavoz de Podemos en el Congreso de los Diputados, Irene Montero, explicaba ayer que parlamentarios del PP gritaron “¡No volváis!” cuando los representantes de ERC y del PDECat abandonaron el hemiciclo, en protesta por la represión impulsada por el Gobierno en Catalunya. “¡No volváis!” es una frase que anuncia una voluntad de exclusión explícita, un lema que lo resume todo: no os queremos aquí, pero sí queremos que Catalunya siga formando parte del Reino de España. El momento me recordó un viejo chiste según el cual un españolista reaccionario suelta esta paradójica sentencia: “Qué bonito es Catalunya, lástima que esté llena de catalanes”.

El grito “¡No volváis!” que salió de la boca sincera de diputados conservadores nos indica tres cosas. En primer lugar, la mentalidad puramente colonial de unos determinados políticos. Colonialismo es –y del peor– reclamar el dominio eterno sobre un territorio pero no querer, en cambio, escuchar ni ver a aquellos indígenas que no dicen “sí, bwana”. En segundo lugar, nos recuerda que los separadores, en España, surgieron mucho antes que los separatistas; en este sentido, vale la pena leer la biografía del conde duque de Olivares que escribió Gregorio Marañón, donde el célebre médico subraya que el “pecado principal” del personaje fue “el eterno pecado de la incomprensión por el Gobierno central de la psicología del pueblo catalán y, en consecuencia, la técnica inconveniente con que fue tratado”. Y en tercer lugar, la negativa a hacer política y a escuchar los argumentos de los adversarios, como si su ausencia de la Cámara Baja resolviera el problema.

Retrato de Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares        Retrato de Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares (Getty)

Mientras ayer al mediodía paseaba por el centro de Barcelona, donde las protestas de muchos ante la Conselleria d’Economia convivían con el aperitivo que otros tomaban tranquilamente en las terrazas soleadas, pensé en el mucho trabajo hecho por los separadores hasta hoy en día. Unos separadores que, de tan integrados en la cultura política española, ya no son percibidos como tales. Separadores como los que impulsaron las firmas contra el Estatut del 2006, separadores como los que proclamaron que preferían una empresa alemana antes que una catalana para la opa sobre Endesa, separadores como los que consideran normal que un catalán no pueda llegar a jefe del Gobierno, separadores como los que creen que hablamos la lengua catalana para molestar, separadores que respetan todas las identidades del planeta excepto la de aquí porque afirman que es “un invento de la burguesía”, separadores que han querido humillar a miles de ciudadanos de Catalunya durante años, desde diarios y tertulias de radio y televisión… Ahora, los separadores piden mano dura contra los separatistas. Ahora, han llegado tarde.

La mano dura no detendrá el independentismo. Las detenciones quizás impedirán el referéndum, pero harán crecer a los partidarios de la secesión. Ayer, algunos conocidos me confesaban su conversión a la cosa estelada, por obra y gracia del estilo turco de Rajoy. Lo explico sobre todo para los que lean La Vanguardia en Madrid: una gran mayoría ha perdido el miedo. Cuando no te sientes respetado –lean el magnífico artículo de Antoni Puigverd del lunes– sólo te queda respetarte a ti mismo. Los que han dicho “basta” no son fanáticos, ni locos, ni abducidos, ni adoctrinados. Las personas que han dicho “basta” han dejado de vivir en la resignación y se han dado una oportunidad. Incluso discrepando de la estrategia de los políticos independentistas, incluso distanciándose de ciertas fraseologías o estéticas. Por eso las amenazas no tienen efecto sobre miles de catalanes y eso es, objetivamente, una fractura irreversible de la autoridad del Estado en la sociedad catalana. Rajoy debería saber que el concepto de España que él quiere mantener a fuerza de prohibiciones, suspensiones, inhabilitaciones, multas, registros y presiones es mercancía defectuosa en Catalunya. Por eso los contrarios a la independencia no consiguen hacer grandes manifestaciones y por eso el frikismo y la ultraderecha patrimonializan, por ejemplo, el 12 de Octubre. No es sólo que el independentismo tenga un relato atractivo y los otros no, es que la pulsión separadora hace sospechosa a ojos de la ortodoxia todo patriotismo español que no se base en la jaula y el castigo. Podemos y los comunes –que ensayan una narrativa alternativa– son percibidos como un alien en la nave del Estado.

El problema de fondo no es el catalanismo político (ahora soberanismo rupturista), sino la sospecha estructural sobre la catalanidad, entendida esta como una identidad molesta (extraña) que amenaza el ser del Estado nación. El centralismo ve la catalanidad (dinámica, integradora y abierta) como una anomalía, un residuo y un obstáculo para que la identidad española genere unas lealtades fuertes que, a su vez, deberían convertir España en la Francia que no ha podido ser. El grito “¡No volváis!” expresa la triste impotencia de los que sólo saben lo que son cuando niegan el derecho a ser de otros.

Cop de l’Estat a la Generalitat


BARCELONA – 21 setembre 2017 2.00 h

Cop de l’Estat a la Generalitat

Una ofensiva policial, judicial i governamental estatal sense precedents des del restabliment de l’autonomia intenta aturar l’1-O però Puigdemont el manté
Detenen 15 alts càrrecs i treballadors, fan 41 escorcolls i intervenen les finances

ODEI A.-ETXEARTE – BARCELONA

Rajoy exigeix la renúncia i milers de persones surten als carrers

Cop de l’Estat espanyol al govern de la Generalitat sense precedents des del restabliment de l’autonomia per intentar impedir el referèndum de l’1-O. Una operació policial i judicial en el marc d’una causa declarada secreta, coordinada amb la intervenció financera de la Generalitat pel Ministeri d’Hisenda, obre un esvoranc de magnitud incerta entre Catalunya i Espanya. Hi va haver una quarantena d’escorcolls en departaments del govern i entitats públiques, cases particulars, despatxos d’advocats i empreses, 15 detencions d’alts càrrecs, treballadors públics i responsables de companyies col·laboradores en la maquinària del referèndum; a més de 20 investigats. Milers de persones van sortir als carrers a defensar les institucions i l’exercici del dret a l’autodeterminació de manera pacífica, en un esclat d’indignació indeturable, amb Barcelona com a epicentre de les protestes a la Rambla de Catalunya amb Gran Via, davant l’escorcollada seu del departament d’Economia. Proclames, cançons i clavells. Gernacions arreu del país. Les mobilitzacions van anar nodrint-se de ciutadans de totes les edats i condicions al llarg del dia, molts dels quals disposats a allargar les protestes indefinidament.

Després d’una reunió extraordinària del govern, el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, va refermar que el referèndum se celebrarà i va denunciar una suspensió “de facto” de l’autonomia i l’aplicació d’un estat d’excepció no declarat per Madrid, acompanyat per una greu vulneració de drets.

La Guàrdia Civil va requisar deu milions de paperetes, actes i documents de l’escrutini en una nau industrial a Bigues i Riells. Però l’executiu manté la convocatòria electoral amb plans alternatius. Puigdemont es va reunir al llarg del dia amb Junqueras, altres consellers, Artur Mas i els líders de l’ANC i Òmnium.

Onze càrrecs de l’executiu van ser detinguts, tres dels quals havien estat deixats en llibertat a l’hora de tancar aquesta edició. Entre els arrestats, hi havia dos homes de màxima confiança del vicepresident català, Oriol Junqueras, en qui recau l’àrea de processos electorals i l’organització del referèndum: el secretari general d’Economia, Josep Maria Jové, i el secretari d’Hisenda, Lluís Salvadó; a banda de diversos càrrecs del CTTI o responsables de les àrees de tecnologies de la informació de diversos departaments.

Les forces policials van escorcollar despatxos a les conselleries d’Economia; Governació; Afers i Relacions Institucionals i Exteriors, i Treball, Afers Socials i Famílies, i dependències vinculades. La Policía Nacional també va intentar escorcollar la seu de la CUP sense èxit ni ordre judicial després d’una resistència no violenta de gairebé vuit hores. Tres ferris van atracar als ports de Barcelona i Tarragona per allotjar les forces policials espanyoles, amb autoritzacions de l’Estat per quedar-s’hi almenys fins al 5 d’octubre, i amb capacitat per a 4.000 agents. Fins a aquesta data, precisament, la direcció general de la policia va anul·lar els permisos, les vacances i les llicències dels agents, amb la possibilitat de traslladar-ne més a Catalunya.

Els Mossos d’Esquadra no van intervenir en les operacions, emparades pel jutjat número 13 de Barcelona, però sí que van separar els cossos espanyols dels manifestants arreu del país. La seva presència al carrer, segons van dir, tenia “com a objectiu garantir la seguretat de tothom i evitar alteracions greus de l’ordre públic”.

Rajoy vol que s’aturin

Les manifestacions es van replicar a les places de les viles i ciutats, davant d’ajuntaments i de subdelegacions del govern espanyol, i a la nit es van fer repicar atuells a pobles i ciutats. Les entitats independentistes preveuen fer més convocatòries els pròxims dies. Diumenge n’hi ha una de convocada a les 11 del matí. Serà davant dels ajuntaments del país.

Mariano Rajoy va compartir la seva estratègia per impedir el referèndum amb el secretari general del PSOE, Pedro Sánchez, i el líder de Cs, Albert Rivera, amb els quals es va reunir per separat. Els dos partits van exhibir el seu aval sense fissures a l’ofensiva coordinada per impedir el referèndum, tot i que els socialistes van reservar Pedro Sánchez, que va guardar silenci. Rajoy va al·legar que l’operació policial i les detencions es justificaven per la necessitat de garantir la prevalença de la llei i va sentenciar que l’executiu està disposat a fer-ho “fins al final”, complint les seves obligacions. “Votar només és sinònim de democràcia quan es fa d’acord amb la llei”, va al·legar, i va qualificar el referèndum d’antidemocràtic perquè “no es pot votar per incomplir la llei”. Per això va exigir a les institucions catalanes que renunciïn a la votació. “Són a temps d’evitar mals majors”, els va advertir.

La Generalitat va denunciar una vulneració de l’estat de dret, de les garanties constitucionals i de drets fonamentals. Puigdemont va remarcar que es “violentava” la Carta dels Drets Fonamentals de la Unió Europea, en un clam indirecte al club dels Vint-i-vuit que va trobar resposta en un dels vicepresidents del Parlament Europeu, Dimitrios Papadimoulis, de Syriza, que va alertar que “les detencions fetes per les autoritats espanyoles són una deriva molt preocupant”. El cap de files del grup socialdemòcrata a l’eurocambra, Gianni Pittella, va expressar la seva preocupació per la “tensió” a Catalunya i va defensar l’autonomia d’acord amb la Constitució. Els mitjans internacionals més importants del món, com ara The New York Times, la BBC o Le Monde, van informar dels esdeveniments a Catalunya. Human Rights Watch i Amnistia Internacional observen si s’estan produint abusos de poder o violència que considerin denunciables en l’àmbit internacional.

L’alcaldessa de Barcelona, Ada Colau, va alinear-se amb les institucions catalanes. La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, ho feia amb el govern i l’exercici de l’autodeterminació. Els diputats d’ERC i el PDeCAT van abandonar al matí els escons després de la sessió de control al Congrés, tot i que a la tarda van assistir a la compareixença del ministre d’Hisenda, Cristóbal Montoro, per respondre a la justificació política de la intervenció de les finances catalanes.

Comptes bloquejats

Amb els comptes de la Generalitat bloquejats pels bancs per la voluntat del govern espanyol, tot i que sense ordre judicial, el govern estatal es farà càrrec del pagament de les nòmines dels funcionaris i dels serveis públics que l’administració espanyola considera prioritaris i fonamentals. La resta quedarà descoberta. Això vol dir, a la pràctica, que no es pagarà la renda garantida de ciutadania, els programes de recerca i ajuts en matèria d’habitatge, cultura o llengua, entre d’altres. Paradoxalment, la interventora general de la Generalitat va enviar dilluns i ahir els informes setmanals justificant que la Generalitat no ha destinat partides al referèndum, per evitar represàlies penals i amb el vistiplau de l’executiu català. Però la negativa de Junqueras i la resta de consellers a fer-ho (aquest moviment és el que La Moncloa va justificar per procedir a la intervenció financera) va persistir. Montoro va signar l’acord de no disponibilitat pressupostària que pretenia que rubriqués Puigdemont.

L’ofensiva estatal va generar pronunciaments amb accent divers al PSC. El primer secretari del partit, Miquel Iceta, va instar amb equidistància els governs català i espanyol “a aturar una escalada que ens porta tots al desastre”. En canvi, alcaldes socialistes del Baix Llobregat van exigir a l’Estat el cessament dels escorcolls i les detencions perquè “en democràcia, aquesta forma d’actuar no té cabuda”. Advertien que els atacs “contribueixen a dificultar encara més una sortida democràtica i cívica” al conflicte polític.

Podem es va manifestar a la Puerta del Sol per les llibertats i la democràcia. A Palma i València, entre altres ciutats de l’Estat, també hi va haver expressions ciutadanes de solidaritat. Sindicats, col·legis professionals, associacions religioses, culturals i educatives van fer comunicats de suport a l’autogovern i contra les actuacions policials. Entre d’altres, el FC Barcelona. El Consell de l’Advocacia catalana va condemnar els escorcolls indiscriminats i va alertar que “vulneren de manera flagrant la llei d’enjudiciament criminal”. En plena ofensiva policial, judicial i governamental espanyola, l’executiu de Puigdemont recordava, a través de Twitter, que la Generalitat ve de lluny: va ser creada a les Corts de Cervera el 1359.

LES FRASES

El dia que Espanya va perdre Catalunya per sempre


 

Editorial

  • Vicent Partal

 

El dia que Espanya va perdre Catalunya per sempre

«Passe què passe a partir d’ara, Rajoy, amb aquest cop d’estat, ha destruït qualsevol possibilitat, per remota que fos, d’aturar la independència»

 

La campanya electoral anava avançant amb entrebancs però ferma, molt ferma. Ja havien transcorregut set dies i tots els indicadors eren clars: les provocacions de l’estat espanyol no feien efecte, no esporuguien els votants, sinó que més aviat aconseguien l’efecte contrari. Els trackings, les enquestes permanents que prenen el pols del vot, indicaven un augment lleuger de la participació i un augment clar del vot a favor de la independència. Les xifres aterrien la Moncloa i per això van activar ahir el cop d’estat.

El cop d’estat ja el tenien preparat, era el seu pla B. És molt evident i ben senzill de demostrar. No la improvises, la presència de vaixells als ports de Barcelona i Tarragona, tant si és per a allotjar policies, com si és per a provar de convertir-los, com al 1934, en presons. Això respon a un pla fred, dissenyat amb una antelació de setmanes o mesos. Cercaven l’ocupació de Catalunya en forma de cop d’estat contra les institucions del país. Un cop d’estat, tingueu-ho clar, que no vol impedir la independència només sinó que cerca destruir l’autonomia.

Aquest cop d’estat, però, implica riscs molt greus per a Espanya. El primer, saber com gestionarà aquesta situació, ara, el govern de Mariano Rajoy. La Generalitat, amb la força que li ha donat la gent eixint en massa al carrer, ha reaccionat amb la serenitat i amb el cap fred a què ens ha acostumat enmig de la crisi. No ha baixat al fang i s’ha mantingut en terreny ferm, no ha fet allò que volia Rajoy. Què vol Espanya? Evitar que es faça el referèndum. Quina ha de ser la reacció, doncs? Fer-lo. El president del govern espanyol, de fet, ha demostrat la seua feblesa en una intervenció patètica en què ha dit que el referèndum ja no es podrà fer. Però es farà, el farem, i el problema el tindrà ell, que haurà de trobar com eixir de l’embolic on s’ha ficat. Perquè guanyar, això que ahir deia que havia fet, és evident que no han guanyat: el referèndum segueix convocat oficialment pel govern i segurament ahir l’únic que van aconseguir va ser que la voluntat de participació pujara en uns quants punts i el votants del sí en més encara. 

Ara, el risc més gran que podien assumir ja els ha passat pel damunt perquè ahir va ser el dia en què Espanya va perdre Catalunya per sempre. Apunteu-lo: era el 20 de setembre de 2017. Apunteu-lo perquè ahir el govern espanyol va acabar de fer impossible cap mena d’acord entre la Generalitat de Catalunya i l’estat espanyol, en res i sobre res i durant generacions. I perquè ahir el pacte de la transició va ser definitivament trencat i ja no queda cap pont per on transitar. Ahir Rajoy es va posar la corda al coll enfrontant-se no només als catalans sinó a la majoria del seu parlament i ves que no acabe ell fora del govern espanyol abans del que ningú s’espera. Però per sobre de qualsevol altra consideració sigueu conscients que, passe què passe a partir d’ara, Espanya, amb aquest cop d’estat, ha destruït qualsevol possibilitat, per remota que fos, d’aturar la independència. Perquè la violència de la policia i els jutges simplement no podrà fer res contra la mobilització popular del primer d’octubre, contra els milions de mans que posarem les paperetes dins milers d’urnes. Però també perquè ja no queda cap autonomia que recuperar ni que poder gestionar.